Estrés. ¿Héroe o villano?

¿Tienes estrés con frecuencia?

¿Cómo lo gestionas?

¿Te suele funcionar?

Para gestionar algo debes conocerlo.

Si sabes cómo funciona el motor de un coche, sabrás arreglarlo cuando tenga una avería.

Del mismo modo si sabes cómo funciona tu cuerpo y qué necesita también sabrás cómo arreglarlo. O al menos evitar que se estropee.

Con el estrés ocurre lo mismo.

Solo puedes gestionar bien el estrés de forma efectiva si sabes qué es el estrés, qué función tiene y cómo afecta a tu cuerpo.

Por suerte no es necesario que tengas un master o un doctorado en fisiología para aprender a gestionar tu estrés. Es más sencillo que eso.

En la naturaleza existe una ley que dice en que todo en el universo está en contínuo movimiento. Todo cambia y evoluciona.

La ciencia no se escapa a esa ley natural.

Al igual que la vida, la ciencia es dinámica y está en constante movimiento y evolución.

Así, el concepto de estrés ha ido cambiando a lo largo del tiempo.

¿Qué es el estrés?

La vida evolucionó gracias al estrés.

Sin estrés no hay vida.

El estrés es un sistema de respuesta que nos ayuda a la supervivencia. Te permite afrontar situaciones o cosas que amenazan a tu vida.

El estrés es una reacción del cuerpo ante todo aquello que hace que salga de su zona de equilibrio.

Esta zona o situación de equilibrio se llama homeostasis.

Homeo = igual; estasis = estado.

Piedras colocadas como una balanza

Para conseguir el objetivo de supervivencia, el cuerpo necesita que ciertos parámetros fisiológicos se encuentren dentro de unos rangos concretos.

La homestoasis es como el ojo de un huracán. Cuando el cuerpo se sitúa en ese espacio todo está en calma, en silencio. Todo está tranquilo. Todo va bien.

En cuanto salimos del ojo del huracan, ya tenemos estrés.

Pero ¿qué pasa cuándo tenemos estrés?

Como hemos visto el estrés no es malo per se. Entonces

¿Cuál es el problema?

El estrés no es el problema

El problema es el exceso o acúmulo de estrés (carga alostática) y el tipo de estrés (estresores moderno).

Un ejemplo de exceso de estrés ocurre al inicio de verano.

Un poco de sol es beneficioso (e imprescindible) pero cuando te expones en exceso te quemas.

Pasamos gran parte del año sin exponernos al sol y al llegar el verano nos atiborramos de los rayos de Lorenzo.

Lo que en un principio es bueno para tu cuerpo, en exceso puede llegar a convertirse en perjudicial.

Tenemos que exponernos gradualmente para evitar los daños del astro rey.

Otra posibilidad es la suma de diferente tipos de estresores que se van acumulando creando un efecto de bola de nieve. Agotan los recursos del cuerpo hasta que los sistemas empiezan a fallar.

Este caso es el más habitual con el que me encuentro en consulta.

Siempre explico al paciente que es la suma de factores estresantes durante años lo que le ha llevado a su situación de dolor, cansancio, insomnio y demás síntomas.

En cuanto al tipo de estresores modernos tenemos, por ejemplo, la comida procesada.

A nivel genético nuestro cuerpo está adaptado a ciertos alimentos como la carne, pescado, marisco o tubérculos. Es decir, alimentos que produce la tierra.

Cuando ingerimos productos ultraprocesados estamos generando un estrés metabólico. El sistema inmune va a trabajar a tope para contrarrestar los efectos perjudiciales de estos productos.

Estos ultraprocesados generan mucha inflamación en tu cuerpo.

Si sometes al cuerpo a este estrés metabólico con frecuencia tienes muchas opciones de que surja una enfermedad metabólica como la diabetes tipo 2, hipertensión, hígado graso u otros.

Estresores ancestrales vs estresores modernos

Los agentes estresantes ancestrales son aquellos estresores que nuestros genes conocen desde hace millones de años. Frío, sed, hambre, moverse mucho para conseguir comida, ritmos circadianos, vivir en grupo.

Personas en un campo y unas montañas

En la actualidad vivimos en un entorno en el que tenemos que hacer frente a demasiados agentes estresantes modernos que no existían antes.

Polución, contaminación electromagnética, sedentarismo, mala alimentación, exceso de trabajo, no tener un propósito de vida, no tener tiempo para uno mismo ni la familia.

Así es como tu organismo se va desgastando poco a poco al tener que emplear mucha energía para afrontar este grupo de estresores modernos.

El estresores ancestrales (intensos y breves) nos hace más fuertes. Los modernos (intensidad media y crónicos) nos debilitan.

Las consecuencias ya las sabes. Enfermedades que son más propias de los tiempos actuales y que apenas existían en la época de nuestros abuelos.

Por lo tanto nuestro estilo de vida influye de forma directa en nuestra salud.

La alostasis

La capacidad que tiene nuestro cuerpo de afrontar el estrés se llama alostasis.

Allos = otro, diferente; estasis= estado, estabilidad

La alostasis es la estabilidad al cambio.

La alostasis es lo que permite que tu cuerpo se adapte a esos cambios y recupere lo antes posible el equilibrio, es decir, la homeostasis.

Podríamos decir que la salud es la capacidad que tiene un organismo para adaptarse al ambiente.

Para adaptarse a los cambios del ambiente, el cuerpo utiliza los sistemas alostáticos.

Estos sistemas son los ejes neuro-endocrinos como sistema nervioso simpático, el sistema inmune, el eje adrenal y el eje tiroideo.

Estos ejes son los encargados obtener la energía y recursos necesarios para afrontar las demandas del ambiente, tanto interno como externo, con el objetivo de recuperar ese estado de homeostasis.

Una parte importante del trabajo osteopático es entender cómo se relacionan estos sistemas neuroendocrinos.

Tener una buena alostasis es tener una buena capacidad de adaptación y por lo tanto estar más cerca de un estado saludable.

Ahora viene la parte importante.

¿Qué puedes hacer para gestionar mejor tu estrés?

¿Cómo mejorar tu estrés?

Puedes empezar por mejorar tus hábitos.

Lo ideal al principio es realizar pequeños cambios.

Muchos cambios de golpe es contraproducente. Te van a generar más estrés. Y eso no nos interesa.

Si desde el principio quieres hacer más ejercicio, cambiar la alimentación, meditar y más cosas, lo que vas a provocar es más estrés a tu cuerpo.

Es mejor hacer cambios pequeños y progresivos. Ir mejorando con pequeños hábitos que generen cambios positivos.

¿Qué cambios tendrías que hacer?

Poco a poco eliminar los agentes estresantes modernos e ir incorporando los ancestrales.

Debemos «emular» la vida ancestral en la época actual.

Esta sería la idea general.

Cambiar un estrés que nos debilita por uno que nos fortalece.

¿Cómo puedes hacerlo?

Aquí es cuando aparezco yo para ayudarte a conseguirlo.

Las herramientas que utilizaremos son los cambios de hábitos, alimentación y el abordaje osteopático para ayudar al cuerpo en esa transición.

Con la combinación de estas tres herramientas conseguiremos que te encuentres mejor, sin dolor, con más energía y vitalidad.

Para finalizar tienes que tener en cuenta una cosa importante.

Yo solo puedo acompañarte en el camino.

El camino lo tienes que recorrer tú.

Solo tú.

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