¿Es posible que tocando la cabeza o el abdomen de un paciente mejore su problema de dolor o sus problemas digestivos?
Es una buena pregunta.
La respuesta corta es SÍ.
¿Cómo?
Pues en este artículo pretendo responder esta pregunta y de paso, explicarte la relación entre osteopatía, sistema nervioso autónomo y cómo regularlo.
La Osteopatía
La osteopatía no es manipulación articular. Tampoco es masaje. No es nada de eso. Es mucho más. Mucho más de lo que la gente piensa. Y por eso tiene muy buenos resultados.
Uno de los secretos de los buenos resultados es porque con nuestra intervención trabajamos directamente sobre estructuras que regulan el sistema nervioso, en especial el sistema nervioso autónomo.
Cuando entiendes esto ya no te sorprende tanto que al tocar una parte del cuerpo, otra modifique su comportamiento o función.
Es por eso que cuando tocamos la boca o la lengua mejora tu lumbalgia. Que cuando trabajamos los pies influimos en la postura y mejora tu dolor de cervicales. Es por eso que cuando realizamos técnica de inhibición del sistema simpático a través de la columna vertebral mejoran tus digestiones. Parece magia cuando no conoces los mecanismos. Es ciencia cuando los conoces.
Hoy voy a explicarte cómo la osteopatía actúa sobre el sistema nervioso para mejorar tu problema.
Cuestión de jerarquía
Andrew Taylor Still, el padre de la osteopatía, era un visionario. Un genio de su época. Fue capaz de darse cuenta de que la salud pasaba por una buena circulación de los líquidos del cuerpo. En especial la circulación arterial y venosa, además de la linfática. Así surge la «ley de la arteria». Que en realidad se refiere a todos los líquidos del cuerpo.
Y no le faltaba razón. La investigación actual confirma que los nervios periféricos dependen de su propio sistema de irrigación —los vasa nervorum— para recibir oxígeno y nutrientes. Cuando ese aporte sanguíneo se compromete, el nervio pierde función. La isquemia neural es uno de los mecanismos más documentados de neuropatía y dolor [5]. Además, el sistema vascular intrínseco del nervio carece de capacidad de autorregulación, lo que lo hace especialmente vulnerable a los cambios de presión sanguínea [6].
Jerárquicamente, después tenemos al sistema nervioso. Que es el encargado de recibir, integrar e interpretar los estímulos tanto del interior como del exterior del cuerpo para emitir una respuesta. Es el gran coordinador y gestor de todos los otros sistemas.
Al sistema nervioso no le gustan los estímulos de compresión, estiramiento, irritación y, sobre todo, la falta de aporte sanguíneo. La investigación ha demostrado que tras una inflamación local, las fibras nerviosas desarrollan mecanosensibilidad y empiezan a dispararse con apenas un 3% de estiramiento, algo que ocurre dentro del rango de movimiento normal [7]. La compresión nerviosa, por su parte, altera el transporte axonal y genera acumulación de canales iónicos en el sitio de lesión, lo que incrementa la sensibilidad del nervio y puede iniciar cambios en el sistema nervioso central [8].
Intervenir en el sistema nervioso es intervenir en muchos sistemas del cuerpo. Podemos estimular o inhibir para obtener las respuestas que el cuerpo necesita. Esa es la base de cómo la osteopatía regula el sistema nervioso autónomo.
Si imaginamos que cada efecto que hace el cuerpo es una respuesta, la mejor forma de cambiar esa respuesta es cambiando la pregunta. Es decir, debemos cambiar el estímulo que lo ha provocado.
Eso hacemos en osteopatía (y en realidad en todas las terapias, incluyendo la medicación).
Damos un estímulo diferente para producir una respuesta diferente.
Cómo la osteopatía actúa sobre el sistema nervioso
El principal nervio que nos interesa es el nervio vago. De él he hablado en este artículo pero desde la perspectiva de la respuesta. Del efecto parasimpático. Esta respuesta está mediada por una «pregunta», que son los estímulos que ha recibido.
Ahora nos interesa cambiar esa pregunta para obtener una respuesta diferente.
¿Cómo lo hacemos?
La osteopatía influye sobre el nervio vago a través de lo que llamamos campos receptores vagales: zonas del cuerpo donde las técnicas manuales pueden modificar la actividad aferente del nervio vago y, con ello, cambiar la respuesta parasimpática del sistema nervioso autónomo. Estas zonas incluyen la zona auricular, la base del cráneo, la región anterior del cuello, el diafragma torácico y las vísceras abdominales. Son todas aquellas zonas en las que el contacto manual emite una información al cerebro modulando la respuesta posterior.
Aunque la evidencia en el ámbito manual es complicada de demostrar, un estudio publicado en *Frontiers in Medicine* por Stępnik, Czaprowski y Kędra (2024) [1] revisó la evidencia disponible sobre técnicas osteopáticas manuales y concluyó que la técnica más estudiada para influir en el sistema nervioso autónomo es la compresión del cuarto ventrículo (CV4), una técnica craneal que actúa centralmente sobre el cuarto ventrículo. Los estudios incluidos mostraron cambios medibles en la variabilidad de frecuencia cardíaca tras la intervención.
Cabe señalar que mi opinión sobre los mecanismos implicados en los resultados de esta técnica difiere de las explicaciones clásicas osteopáticas. Con el conocimiento actual de la neurociencia existen formas más rigurosas de justificar los buenos resultados de las técnicas craneales. Pero eso da para un artículo entero.
Técnicas osteopáticas que regulan el SNA
En mi consulta utilizo diferentes abordajes según lo que el paciente necesita. No hay un protocolo único. Cada persona llega con un patrón diferente de desregulación y la intervención se adapta a lo que encuentro en la valoración. Pero hay tres grandes grupos de técnicas que utilizo de forma habitual para influir en el sistema nervioso:
Técnicas craneales.
El cráneo no es una caja rígida. Tiene micromovimientos y relaciones fasciales con el tronco encefálico y las meninges. Técnicas como la compresión del cuarto ventrículo (CV4) o la descompresión occipito-atloidea actúan sobre las áreas donde el nervio vago emerge del cráneo. Una revisión sistemática publicada en *Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine* [2] encontró que la técnica CV4 puede ser beneficiosa en pacientes con cefalea tensional y dolor lumbar, y que la manipulación craneal puede ayudar cuando existe un desequilibrio del sistema nervioso autónomo. Lo que observo en consulta es coherente con esto: después de un trabajo craneal, muchos pacientes reportan una sensación de calma profunda, mejora del sueño y reducción de la tensión cervical.
Técnicas combinadas con la respiración.
La respiración diafragmática lenta es, por sí sola, una de las herramientas más potentes para estimular el nervio vago y activar el parasimpático. Cuando combino técnicas manuales sobre el diafragma, las costillas o la columna torácica con una respiración guiada, el efecto sobre el sistema nervioso se potencia. El diafragma no es solo un músculo respiratorio: es una estructura con conexiones fasciales directas con el pericardio, el esófago, la vena cava y la aorta. Trabajar sobre él es trabajar sobre el eje central del cuerpo.

Debido a la importancia de la respiración en la salud, he creado un audio gratuito de 15 minutos en el que te enseño cómo debe ser una respiración normal y una técnica de respiración que puedes practicar en los momentos de estrés para volver a la calma.
Técnicas viscerales.
Las vísceras abdominales están densamente inervadas por el nervio vago, concretamente por la rama dorsal. Cuando una víscera pierde movilidad o su función está alterada, genera señales aferentes que el sistema nervioso central interpreta como amenaza. Esto mantiene el tono simpático elevado. La manipulación visceral osteopática busca restablecer la movilidad y la función visceral, reduciendo esa aferencia nociceptiva. Un estudio publicado en *Frontiers in Neuroscience* [3] demostró por primera vez que la estimulación víscero-osteopática manual del nervio vago a nivel abdominal produce cambios medibles en las redes funcionales cerebrales. Además, las técnicas viscerales influyen en la volemia y en la actividad del sistema vagal dorsal, lo que tiene un impacto directo sobre la regulación autonómica global.
Qué pasa en el cuerpo tras un tratamiento osteopático
Cuando trabajo sobre estos campos receptores vagales, lo que busco es modificar la señal que el sistema nervioso está recibiendo. Cambiar el input para que cambie el output.
Los cambios que más reportan mis pacientes después de una sesión son:
- Sueño más profundo y reparador. Es probablemente el cambio más frecuente y el primero que aparece. Muchos pacientes que llevan meses durmiendo mal notan una mejora significativa desde la primera o segunda sesión. (Siempre y cuando sus hábitos de higiene de sueño sean los adecuados.)
- Reducción de la tensión muscular en cuello, hombros y mandíbula. Cuando el tono simpático baja, la musculatura deja de recibir la orden constante de contracción. El cuerpo se relaja.
- Mejoran los síntomas digestivos. Al activar la vía vagal, la motilidad intestinal mejora, la secreción gástrica se regula y la inflamación de bajo grado empieza a reducirse.
- Menor reactividad emocional. Esto es algo que muchos pacientes no esperan. Pero cuando el sistema nervioso deja de estar en modo alarma, la capacidad de gestionar situaciones de estrés sin reaccionar de forma desproporcionada mejora notablemente.
- Reducción del dolor. No porque se trate el dolor directamente, sino porque al regular el sistema nervioso, el umbral de dolor sube. El sistema detecta seguridad y baja el nivel de alarma. Estímulos que antes resultaban dolorosos dejan de serlo. El sistema nervioso deja de amplificar la señal nociceptiva.
Estos cambios no son inmediatos en todos los casos. Dependen del tiempo que lleven en estado de desregulación, de la carga alostática acumulada y de otros factores como el sueño, la alimentación o el nivel de actividad física. Pero la dirección es siempre la misma: llevar al sistema nervioso de un estado de defensa, amenaza o peligro a un estado de seguridad, calma y recuperación.
Evidencia científica: lo que dice la investigación
La relación entre osteopatía y sistema nervioso autónomo tiene un cuerpo creciente de evidencia. No es un campo cerrado ni definitivo, pero los datos apuntan en una dirección clara.
Una revisión sistemática publicada en el *European Journal of Medical Research* por Rechberger, Biberschick y Porthun (2019) [4] evaluó 23 estudios sobre el efecto del tratamiento osteopático en el sistema nervioso autónomo. Los resultados mostraron que diversas técnicas —craneales, suboccipitales, de tejido blando y de elevación costal— producen cambios medibles en la actividad autonómica, medida principalmente a través de la variabilidad de frecuencia cardíaca (VFC).
Lo que esta revisión también señaló es algo que yo comparto desde la experiencia clínica: los protocolos individualizados, adaptados a cada paciente, producen mejores resultados que la aplicación estandarizada de una sola técnica. La osteopatía es efectiva precisamente porque no aplicamos recetas. Evaluamos de forma individual, aplicamos las técnicas apropiadas y dejamos que el cuerpo responda.
La evidencia es todavía emergente y la calidad metodológica de muchos estudios es mejorable. Pero la dirección es clara: el tratamiento manual osteopático puede modular la actividad del sistema nervioso autónomo. Y eso tiene implicaciones reales para el manejo del estrés crónico, el dolor persistente, los trastornos digestivos funcionales y los problemas de sueño.
Si has llegado hasta aquí, ya tienes una imagen clara de cómo funciona tu sistema nervioso y cómo la osteopatía puede ayudarte a regularlo para recuperar el equilibrio.
Si llevas tiempo con dolor, tensión, insomnio o alteraciones digestivas y nadie te ha valorado desde esta perspectiva, quizá sea el momento de hacerlo.
En mi consulta de osteopatía en A Coruña, el abordaje siempre empieza por escuchar lo que tu cuerpo está diciendo.
Referencias científicas
[1] Stępnik, J., Czaprowski, D., & Kędra, A. (2024). Effect of manual osteopathic techniques on the autonomic nervous system, respiratory system function and head-cervical-shoulder complex — a systematic review. Frontiers in Medicine, 11, 1358529. DOI: 10.3389/fmed.2024.1358529
[2] Żurowska, A., Malak, R., Kołcz-Trzęsicka, A., Samborski, W., & Paprocka-Borowicz, M. (2017). Compression of the Fourth Ventricle Using a Craniosacral Osteopathic Technique: A Systematic Review of the Clinical Evidence. Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine, 2017, 2974962. DOI: 10.1155/2017/2974962
[3] Von Wrede, R., et al. (2023). Modifying functional brain networks in focal epilepsy by manual visceral-osteopathic stimulation of the vagus nerve at the abdomen. Frontiers in Neuroscience, 17, 1187859. DOI: 10.3389/fnins.2023.1187859
[4] Rechberger, V., Biberschick, M., & Porthun, J. (2019). Effectiveness of an osteopathic treatment on the autonomic nervous system: a systematic review of the literature. European Journal of Medical Research, 24, 36. DOI: 10.1186/s40001-019-0394-5
[5] Terzis, J.K. & Kostopoulos, E. (2015). Vasa Nervorum. En: Nerves and Nerve Injuries, Vol. 1, Cap. 7. Academic Press / Elsevier. DOI: 10.1016/B978-0-12-410390-0.00007-3
[6] Rogers, F. (2018). The Rule of the Artery Is Supreme. Or, Is It? Journal of Osteopathic Medicine, 118(7), 429-430. DOI: 10.7556/jaoa.2018.095
[7] Dilley, A. & Bove, G.M. (2005). Pressure and stretch mechanosensitivity of peripheral nerve fibres following local inflammation of the nerve trunk. PAIN, 117(3), 462-472. DOI: 10.1016/j.pain.2005.08.018
[8] Schmid, A. B., Fundaun, J., & Tampin, B. (2020). Entrapment neuropathies: a contemporary approach to pathophysiology, clinical assessment, and management. PAIN Reports, 5(4), e829. https://doi.org/10.1097/PR9.0000000000000829

MARCOS CASAL
Osteópata por la Escuela del Concepto Osteopático
Fisioterapeuta Nº COL. 2152 por A Universidade da Coruña



